Mostrando entradas con la etiqueta Diego Fasolis. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Diego Fasolis. Mostrar todas las entradas

19 de junio de 2016

8 años, 12 días, 88 razones.

"Para un buen matrimonio hay que enamorarse muchas veces, siempre de la misma persona". 
Mignon McLaughlin, periodista estadounidense. 







"Decíamos ayer"... 

Ayer, hace ya más de cuatro meses, os hablaba de la otra cara, del lado oscuro del amor, con gran tristeza tras haber empezado el año con una muy desagradable noticia que unida a otras posteriores de parecida y dolorosa índole me han mantenido alejado de cualquier actividad que implicara el menor esfuerzo creativo, osea, in albis, en estado de suspensión, Knock Out. Amores agotados, traicionados, arrebatados, amputados; amores sometidos a la más dura de las pruebas: la condición humana, con sus debilidades, sus miserias o sus trágicos destinos,  pero, al fin y al cabo -débil consuelo-, aunque cercanos, amores ajenos. 


Un largo periodo de reflexión, de dudas, de preciosas ideas concebidas y nonatas por la desidia; algunas jamás verán la luz en estas páginas, arrojadas al oscuro inframundo de la papelera (de reciclaje, dicen); otras, las menos, duermen custodiadas en el laberinto menguante y finito de una frágil, y cada vez más selectiva, memoria por mis fieles y fértiles musas, últimamente tan asustadas y estériles, acosadas por nuestro mayor enemigo, el Tiempo y los golpes con que éste, falso aliado de la Vida, va quebrando mi alegre espíritu. 

Una gran fiesta para Año Nuevo, otra de Reyes, la del Día de los Enamorados, mi cumpleaños y algunas entradas no habituales se han quedado en el camino, algunas podrán reciclarse, otras se perderán para siempre, como lágrimas en la lluvia..., ¡huy!, que el que me pierdo soy yo, ésto ya tiene padre

Pero, en medio de tanta oscuridad, ha sido el mismísimo Amor quien ha vuelto triunfante a mi rescate, eso sí, con doce días de retraso, una nimiedad que no le tendremos en cuenta conocida la ferocidad bélica del cruel Cronos
Y es que, mis queridos amigos y lectores (inclúyanse los amantes de la @ o del  -es/-as), hoy, perdón, hace doce días, el 7 de junio, celebraban quien suscribe y quien con él suspira, su 8º ANIVERSARIO DE BODA o, lo que viene a ser lo mismo, sus BODAS DE BRONCE

Sí, hace ya ocho años -cortos años, a toro pasado-, y no muchos más, que aquella joven, bella y esbelta (vale, sí, de vez en cuando me lee, shhhh...), de sedosos cabellos y enigmática mirada (que luego desenigmatizaríase con la debida prescripción del uso de lentes correctoras que, por otro lado, realzan su ya conocida belleza y esbeltez, además de su cautivadora y alegre personalidad),  lanzóme, muy gallarda ella, dos saetas envenenadas tal que así: 


-ÁMAME, Y VERÁS... 


Amame, e vederai... 

(Niobe):
Amami, e vederai
ch’Amor non ha più stral,
vibrolli tutti al seno mio per te.
In quei tuoi vaghi rai
è l’ardor mio fatal,
né v’è fede, che sia pari a mia fé. 
(Niobe):
Ámame, y verás
que Amor no tiene ya más flechas,
las lanzó todas a mi pecho por ti.
En esos hermosos ojos tuyos
se encuentra mi ardor fatal;
y no hay fidelidad que iguale a la mía.



Agostino Steffani
Precioso numero de la ópera en tres actos Niobe, Regina di Tebe, del compositor barroco Agostino Steffani, rescatado de un injusto olvido gracias a lanzamiento en 2012 del disco Mission, una excelente muestra de buena parte de la obra del citado maestro italiano. Excelente disco del que ya os he ido dejando algunas joyas en estas páginas, protagonizado por la infatigable mezzosoprano Cecilia Bartoli, musicalmente acompañada por el grupo I Barocchisti bajo la batuta de Diego Fasolis, además de, como podréis comprobar en el siguiente vídeo, magníficamente enfrentada en varios duetos al contratenor francés Philippe Jaroussky


The Progress of Love: Love Letters - Jean-Honoré Fragonard


Lo cierto es que, tras una primera impresión, no supe si tomármelo como un reto o una velada amenaza, así que opté por lo primero, que es lo que tenía más a mano; y ya, desde entonces, aquello fue un no parar...

T’abbraccio, mia Diva...

(Creonte):
T’abbraccio, mia Diva,
ti lego al mio cor.
Mia vita è il tuo lume,
mia gioia è il tuo ardor.

(Niobe):
Ti stringo, mio Nume,
ti lego al mio cor.
Tua luce m’avviva,
mia gioia è il tuo ardor.
(Creonte):
Te abrazo, mi Diosa,
te ato a mi corazón.
Tus ojos son mi vida,
tu ardor es mi dicha.

(Niobe):
Te estrecho contra mí, mi Dios,
te ato a mi corazón.
Tu luz me da vida,
tu ardor es mi dicha.



He aquí el vídeo con el dueto prometido, también perteneciente a la ópera Niobe, Regina di Tebe, con libreto de Luigi Orlandi, basado en el mito griego de Niobe, la valiente pero también orgullosa Reina de Tebas, cuya soberbia la llevó a ser cruelmente castigada por los dioses con el exterminio de su numerosa progenie, dramática historia que dejo en suspense a fin de suscitar la curiosidad del ávido lector. Pobres griegos de Grecia, hay que ver qué dioses les tocaron... 

Los hijos de Niobe (1772) - Jacques-Louis David

Y en eso andamos, queridos amigos, en celebrar tanta dicha viendo la vida pasar desde el más lujoso de los palcos, en el Teatro de la Vida, a veces drama, a veces comedia, siempre procurando que sea lo que sea, dramático o cómico, jamás deje de ser un romance. 


El Vals, de Morgan Weistling


Doe Eyes
-Ojos de gacela-


Clint Eastwood y Lennie Niehaus
Versión para piano solo del tema principal de Los puentes de Madison, película dirigida en 1995 por Clint Eastwood, colaborador también junto a su compositor habitual desde 1984, Lennie Niehaus en la banda sonora de ésta y muchas de sus películas. Niehaus comenzó su carrera como destacado saxofonista en el mundo del jazz, llegando a ser un reconocido y premiado compositor y arreglista, intercalando esta labor con la de compositor de bandas sonoras para cine y televisión, hasta que en los años 80 abandona el mundo del jazz para convertirse en una de las estrellas más importantes de Hollywood, creador de numerosas y célebres bandas sonoras, destacando entre todas ellas sus colaboraciones con el mencionado Eastwood.






Y ahora debo dejaros, tengo una cita con el Sr. Beyer, un hombre muy metódico, de quien espero que me mantenga entretenido durante mucho, mucho tiempo, y que al mismo ídem me tenga un poco alejado de las redes sociales e incluso de este blog, al que no pienso renunciar; pero nuevas ilusiones, nuevos proyectos, exigen algunos sacrificios. Ahora a algunos os pica la curiosidad por saber quién demonios será el tal Sr. Beyer, pues nada, ya tenéis otra razón más para entreteneros investigando cuando hayáis terminado de asombraros con la trágica historia de la Reina Niobe, chula como ella sola. Así le fue. 

Vale, os doy una pista: 

Os he dado UNA razón para conocer al Sr. Beyer... 

Yo tengo 88

Entre manos. 

Fácil. 





The Secret (1825) - William-Adolphe Bouguereau.




O no.













1 de noviembre de 2013

Y al nonagésimo tercer día... ¡resucité!

"Cuando bordeamos un abismo y la noche es tenebrosa, el jinete sabio suelta las riendas y se entrega al instinto del caballo".
Armando Palacio Valdés, escritor y crítico literario español.



Pues sí, ya han pasado nada más y nada menos que 93 días desde que terminadas -¡ay!- aquellas mis tan merecidas vacaciones he tenido que volver a ¿la vida?, eso, por llamarla de alguna manera, pero, en fin, aquí estamos de nuevo. 
Sí, ya sé, y no seré yo quien te quite la razón, mi querido visitante y amigo, comprendo que te puedas sentir molesto conmigo por haber demorado tanto mi regreso, mas te diré en mi defensa que no toda la culpa es mía, pues varios son los factores, prescindibles de mención, que han tenido que ver en ello, pero si hubiera que buscar una cabeza de turco, siempre podemos echarle la culpa a la noche.

Concierto para flauta, cuerdas y contínuo en Sol menor
 'La notte' RV 439


Trevor Pinnock
Segundo de los seis conciertos para flauta que forman el Op. 10 de Antonio Vivaldi, que vieron la luz allá por 1728 en Amsterdam de la mano del editor de origen francés Michel-Charles Le Cène. Consta de 6 movimientos, largo, presto (o Fantasmi), largo, presto, largo (o Il sonno) y allegro, con la particularidad de que suelen tocarse sin interrupción. El más conocido es el allegro final, sin olvidar el largo, también llamado Il sonno, por repetir el tema 'El sueño de los ebrios', ya visto como el segundo movimiento de 'El otoño', de 'Las cuatro estaciones'; aunque mi preferido es el dulce y pacífico largo del tercer movimiento, y el que me ha hecho decidirme por esta versión del director británico Trevor Pinnock al mando de su afamado conjunto The English Concert, en detrimento de la fantástica versión del archiconocido grupo milanés Il Giardino Armonico.
Bueno, en realidad, la noche no tiene ninguna culpa; sí esa especie de 'jet lag' que los animales nocturnos sufrimos con cierta frecuencia cuando pretendemos vivir de día, como si de simples mortales se tratara. Y no; no da resultado, ya ha pasado mucho tiempo, demasiado como para que tal hecho no nos afecte. 
Hay quien dice que cada noche que pasamos despiertos equivale a un año menos de vida. No es cierto, porque de serlo, un servidor hace mucho que vive de prestado. Otra cosa es esa de que los nocturnos estamos todos como una cabra, y ahí, querido lector, no he de ser yo quien se atreva a negar tan popular sentencia.

¡Ay, noche!, 
negra noche, 
oscuro y silencioso manto
labrado de lentejuelas, 
refugio del bohemio,
musa del renacentista,
numen del buscador de belleza.
¡Ay, noche!,
tantas veces traidora, 
tantas zorra, puta, ramera.
Noche, ¡cómo me dueles!, noche;
noche, amiga.
                           (Florentino Menéndez).


'Notte amica al cieco Dio'

Notte amica al cieco Dio,
il mio bene a me conduci. 
Guidin l'ombre quelle luci
che son gli astri del cor mio.
Noche amiga del ciego Dios,
conduce aquí a mi amor. 
Guíen las sombras a esos ojos
que son los astros de mi corazón.



Una muestra más de 'Mission' aquel precioso disco con que la fantástica mezzosoprano Cecilia Bartoli nos sorprendió el pasado año, rescatando del olvido, junto a la escritora Donna Leon, la obra del compositor italiano Agostino Steffani, con la colaboración de Diego Fasolis y el conjunto I barocchisti a la dirección e interpretación respectivamente. Un precioso y delicado aria perteneciente a la ópera estrenada allá por el año 1693 y que lleva por título 'La libertà contenta'.
Así que, mi apreciado lector, te ruego que liberes también a la noche de los cargos que al principio yo parecía querer imputarle, no sería justo. Alégrate conmigo de mi vuelta y disfrutemos de nuevo de nuestra mutua compañía. ¿Qué más da en quién o qué recaiga la culpa?, aunque en caso de inminente catástrofe emocional siempre podemos recurrir al tópico y echarle la culpa al boogie.

O no.



'Blame it on the boogie'
© 2010 MJJ Productions, Inc.

My baby's always dancin'
And it wouldn't be a bad thing
But I don't get no loving
And that's no lie.

We spent the night in Frisco
At every kind of disco
From that night I kissed
Our love goodbye.

Don't blame it on sunshine
Don't blame it on moonlight
Don't blame it on good times
Blame it on the boogie.

The nasty boogie bugs me
But somehow it has drugged me
Spellbound rhythm gets me
On my feet.

I've changed my life completely
I've seen the lightning leave me
My baby just can't take
Her eyes off me.

Don't you blame it on sunshine
Don't blame it on moonlight
Don't blame it on good times.
Blame it on the boogie.

I just can't
I just can't
I just can't control my feet.

Don't blame it on sunshine
Don't blame it on moonlight
Don't blame it on good times
Blame it on the boogie.

This magic music grooves me
That dirty rhythm moves me
The devil's gotten to me
Through this dance.

I'm full of funky fever
And fire burns inside me
Boogie's got me in a
Super trance.

Don't blame it on sunshine
Don't blame it on moonlight
Don't blame it on good times
Blame it on the boogie.

Owww - sunshine
Whoo - moonlight
Yeah - goodtimes
Mmmm - boogie

You just gotta - sunshine
Yeah - moonlight
Goodtimes
Good times - boogie.

Don't you blame it - sunshine
You just gotta - moonlight
You just wanna - goodtimes
Yeah - boogie
Ohh blame it on yourself - sunshine
Ain't nobody's fault - moonlight
But yours and that boogie - goodtimes
On all night long - boogie.

Yours and that boogie - sunshine
Ain't nobody's fault - moonlight
But yours and that boogie - goodtimes
Dancin' all night long - boogie.

Blame it on yourself - sunshine
Ain't nobody's fault - moonlight
But yours and that funky funky boogie al night long - goodtimes.









            

14 de marzo de 2013

HABEMUS MUSICAM!


"Ir sin amor por la vida es como ir al combate sin música, como emprender un viaje sin un libro, como ir por el mar sin estrella que nos oriente".
Stendhal, escritor francés.








(Enlace al post anterior)




¡Fumata blanca! 
Habemus musicam!
¡Aleluya!

Sí, por fin, ya puedo decir que estoy en condiciones de volver a la batalla diaria, a la vida cotidiana, más que a la guerra, ¡a dar guerra! 
Y para celebrar el fin de esta sede vacante nada mejor que hacerlo con energía, con ganas, con la fuerza y el vigor recién recuperados a fuerza de administrarme ingentes dosis de medicina musical por vía auricular y otros ungüentos, ponzoñas y proyectiles varios, más propios de un recetario brujeril que del vademécum de toda la vida, por vías que no cito, más por decoro que por pudor, y que no he de ser yo quien niegue que todos los caminos conduzcan a Roma, pero lo de entrar por las salidas, o viceversa, es sistemáticamente rechazado por el GPS de la razón. 
¡A desahogarse tocan!

'Mie fide schiere, all' armi!'

Mie fide schiere, all' armi!

All' armi!
A terra, si lasci il mar infido:
a' la guerra, al lido!

Suoni, tuoni, il suolo scuota
d' oricalchi un lieto fragore.

Ed a voi amiche genti
sian gl' insoliti portenti
di diletto e non d' orrore.
Mis fieles tropas, ¡a las armas!

¡A las armas!
A tierra, abandónese el peligroso mar:
¡a la guerra, a la orilla!

Suenen las trompetas, sacuda el suelo
un dichoso fragor de auricalco.

Y sean para vosotros, amigos,
insólitos portentos 
de placer y no de horror.
Diego Fasolis.
Cecilia Bartoli, de nuevo, en estado puro, en uno de esos arias 'de bravura' que tanto me gustan y tanto parecen gustarle a ella, de los que no faltan en el disco que vengo recomendando en los últimos post, 'Mission', con piezas del polifacético y misterioso compositor Agostino Steffani, a cuya obra 'I trionfi del fato' (El triunfo del destino), pertenece este aria, espectacular gracias al buen hacer de la gran mezzo, estupendamente escoltada por el renombrado director suizo Diego Fasolis a los mandos del conjunto especializado en música barroca I Barocchisti y del Coro de la Radiotelevisione Svizera Italiana.

No quiero dejar de destacar el maravilloso 'duelo' entre la portentosa voz de la gran artista y las trompetas en el momento -o, mejor dicho, momentos- de cantar el verso "d' oricalchi un lieto fragore"; qué fantástica exhibición de poderío,  no extraña que la gran mezzosoprano romana encabece durante semanas y semanas las principales listas de ventas, éxitos en parte también conseguidos gracias a una gran dominio del marketing y de la 'cosa' mediática y a una gran capacidad para conectar con el público que tanto la adora. ¡Brava la Bartoli!

'La Libertad guiando al pueblo' (1830) de Eugène Delacroix.
(Click para ampliar)
Y un servidor ha de ser prudente ante tanto entusiasmo y no olvidar el mensaje de tan enardecedor aria, más teniendo en cuenta mi conocida  aversión al mar -tanta o más que al sol-, así que, a la guerra, sí, repartiendo músicas a diestro y siniestro, pero tierra adentro, y cuanto más lejos de la orilla mejor, que nunca se sabe si una ola traicionera te puede atrapar  y arrastrar de nuevo a las abisales y frías aguas de padecimientos recién conocidos.

Ya sabéis, si algún día necesitáis encontrarme, tomad cualquier camino, siempre que sea ascendente; sí, cualquiera; que aunque todos los caminos conduzcan a Roma, parece ser que Roma  ha elegido esperar.

O no.





            

12 de marzo de 2013

El sínclave.

'La música es para el alma lo que la gimnasia para el cuerpo'.
Platón, filósofo griego.





( Enlace al post Ángeles y demonios).





No es plato de buen gusto haber dejado este sitio en sede vacante durante tantos días, como he tenido que hacer recientemente, así que, sea por la enorme tristeza que tal hecho me produce, sea por el sentimiento de culpabilidad que me embarga, me obligo a mí mismo a romperla de vez en cuando, aún a sabiendas del riesgo que eso implica. Pero como lo prometido es deuda, aquí estamos de nuevo dispuestos a conjurar los temores y las ruinas que tanto nos ahogan, así que:



BIENVENIDOS 
AL 
SÍNCLAVE



Sínclave, de la preposición latina sine (sin), y el sustantivo clavis (llave), 'sin llave'. Pues eso, una reunión o asamblea de amigos, ésta a celebrar en esta bendita y hermosa montaña a la que os he convocado con un objetivo común, diferenciándose de 'otras' en el hecho de que aquí nadie ha de estar aislado, ni encerrado, la entrada y salida son libres y no hay llave, sencillamente porque no hay puertas; ni falta que hacen. 

En fin, vamos al lío, ¿estamos todos? Pues unámonos todos en el gozo y disfrute de otro de los temas extraídos de la joya discográfica que comencé a presentar hace un par de posts, escuchando otro dueto en el que se vuelve a formar esa maravillosa conjunción  de voces, que provocan la gran mezzosoprano Cecilia Bartoli y el contratenor Philippe Jaroussky, aquí exquisitamente acompañados por el Coro della Radiotelevisione Svizera Italiana y el grupo I Barocchisti, todos ellos bajo la sabia batuta del director suizo Diego Fasolis, interpretando el aria 'Timori, ruine...', perteneciente a la obra 'Le rivali concordi' del compositor italiano Agostino Steffani.

'Timori, ruine...'

Timori, ruine,
ch'i sensi agitaste,
lasciate che al fine
io possa gioir.

Non durano l'ire 
e passa il martir;
Amor sa ferire,
ma poi sa guarir.

Fortuna severa
a' i nostri contenti,
d' un' alma che spera
consola il desir.
        
Temores, ruinas,
que agitasteis mis sentidos, 
dejadme al fin
poder disfrutar.

Las iras no duran 
y pasa el martirio;
Amor sabe herir, 
pero luego sabe curar.

Fortuna severa
con nuestros deleites,
de un alma que espera
consuela el deseo.

Corto, pero intenso y hermoso, ¿verdad? Yo ya me siento mejor, más ligero, más libre, creo que hasta, incluso sin proponérmelo, podría volver a soñar, a dejarme llevar a lejanos mundos que sólo un alma limpia de temores y angustias puede viajar. ¡Ahhh, sí!

La Nynphée (1878), de William Adolphe Bouguereau.
(Click para ampliar)
Me gustaría destacar el estupendo trabajo de edición realizado por la casa discográfica DECCA con la presentación de un libro-disco magníficamente ilustrado con unas muy sorprendentes fotografías y mucha información sobre el misterioso compositor italiano, el entorno y la época en que vivió, además de las letras de los temas presentados, todo ello en inglés, francés y alemán, aunque con el genial detalle de facilitar un código para poder descargarse gratuitamente la traducción en el idioma deseado -el español en mi caso-, y algún que otro contenido digital que siempre es de agradecer.

 Interesante, también, la alianza entre música y literatura, formada para esta obra entre Cecilia Bartoli y la escritora estadounidense Donna Leon, gran amante de la música antigua, embarcada en esta aventura por la gran diva italiana, a raíz de los misteriosos descubrimientos que se iban haciendo a cerca de la agitada y misteriosa vida de Agostino Steffani, convertido en parte esencial de la trama de la novela 'Las joyas del paraíso' (Seix Barral), cuanto menos, prometedora.









Y para terminar completando esta trilogía dedicada a mermar la tristeza de mi sede vacante, he dejado para el final una de las más espectaculares arias con que la Bartoli nos ha sorprendido tan gratamente, muy adecuada para cuando llegue el momento de poder afirmar con total rotundidad que uno ya está al cien por cien y dispuesto para volver a la batalla.

No os vayáis muy lejos, ya se oyen clarines, trompetas y tambores, las tinieblas vienen reclamando su lugar en el cielo, anticipo perfecto de la victoria de la mi aliada Luna frente al Sol, tiembla la tierra, augurios todos de que la batalla  comenzará muy pronto.

Y la adivino larga y cruenta.

O no.




(Continúa aquí).