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30 de abril de 2013

Primero de Mayo.

"El trabajo es el refugio de los que no tienen nada que hacer".
Oscar Wilde, escritor, poeta y dramaturgo irlandés.





Saludos de nuevo, amigas y amigos visitantes, camaradas y camarados, hoy, víspera del Primero de Mayo, tenía intención de dedicar este post a tan destacada festividad, también conocida como Día del Internacional del Trabajo, o del Trabajador -o ambas cosas, que no estoy yo muy seguro-, pero lo cierto es que tanto me da, que me da lo mismo; en un país con un 27% de tasa de desempleo... se le quitan a cualquiera las ganas de festejar nada. 

Así que vamos a lo que vamos; a ver, humm... trabajo y música, hummm... música y trabajo, hummmm, hummmmmmmmmm... ¡Ya está! ¡Eureka!

¿Quién fue el compositor más trabajador de la historia?

Respuesta: 



T E L E M A N N


Georg Philipp Telemann, de quien ya hemos tenido el honor de contar con su visita por estos lares, figura en el libro Guinness de los récords como el compositor más prolífico de todos los tiempos, con más de 800 obras confirmadas, aunque se estima en más de 3000 el número de composiciones que los estudiosos le adjudican. De todas ellas he elegido para ilustrar esta publicación, un bellísimo concierto que hace años había dado por perdido y que recientemente he conseguido recuperar. Una delicatessen:


'Concierto para flauta de pico, flauta travesera, 
cuerdas y contínuo en mi menor'.
(Largo)


'Concierto para flauta de pico, flauta travesera, 
cuerdas y contínuo en mi menor'.
(Allegro)



'Concierto para flauta de pico, flauta travesera, 
cuerdas y contínuo en mi menor'.
(Largo)



'Concierto para flauta de pico, flauta travesera, 
cuerdas y contínuo en mi menor'.
(Presto)


Fue Telemann un gran autodidacta, pese a que su inclinación por la música no estaba bien vista en su entorno familiar, desde muy temprana edad empezó a componer y a aprender a tocar multitud de instrumentos. Contemporáneo de Bach y Haëndel, pronto ocupó numerosos cargos relevantes relacionados con el mundo de la música. Fue un hombre afable, de una personalidad y simpatía arrolladoras que verdaderamente disfrutaba con su trabajo, y eso se nota reflejado en las bellísimas composiciones que a lo largo de su dilatada vida fue creando.

Por aquel entonces, y por aquellos lares, no existían la Medalla al Mérito en el Trabajo, ni la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, aquí, en este sitio, tampoco las tenemos, pero tampoco pasa nada si nos inventamos una, ¿verdad?


Bien merecida es.


-¡Oigan, esperen, que yo he compuesto más de 1000 obras...

-Ya, ya lo sabemos Sr. Bach, aún así, no llega a alcanzar la productividad del Sr. Telemann.

-...y he tenido 20 hijos!

-Ehh... nos lo pensamos.

O no.





           

24 de octubre de 2011

El tamaño NO importa.

Los espejos se emplean para verse la cara; el arte para verse el alma".
George Bernard Shaw, escritor irlandés.


     Que no, que os lo digo yo, que no importa, hacedme caso. Veréis, yo tenía un instrumento, digamos de tamaño estándar, que tampoco era una cosita como para quejarse, vamos; lo que ocurre es lo de siempre, que nunca nos conformamos con lo que tenemos y un día ves (sin querer, claro) otro más largo, otro día escuchas (siempre sin querer) que el de fulanito tiene tal diámetro... y, claro, llega el día en que, no sé si por complejo, envidia, codicia o soberbia ya no te sirve de consuelo aquello de que 'lo importante es saber usarlo'.
     No. Se te mete esa idea en la cabeza y ya no hay consuelo posible. Lo quieres, lo necesitas más grande, más largo, más grueso y más todo. Buscas desesperadamente un catálogo y... ¡ahí está! ¡ESE! Ese es el que yo quiero, 'pero si parece que lleve escrito mi nombre'... Error, ¡GRAN ERROR! Sí, yo caí en él y no tardé mucho tiempo en darme cuenta de ello, fue casi de inmediato, al poco tiempo de tener en mis temblorosas manos aquel enorme, descomunal y duro aparato: ¡64 centímetros de aparato!
     Como os decía, no tardé mucho en darme cuenta de que -hablando en plata- había echo el gili, aunque, queriendo subsanar el error... bueno, ya sabéis lo de tropezar en la misma piedra dos veces, resumiendo: poco después pude disfrutar de las livianas formas de mi nuevo dispositivo de tan sólo ¡48 cm!
     ¡Vaya! Esto ya era otra cosa, al menos más manejable. Sí, me lo pasé de muerte con mi nuevo juguete, lo exprimí todo lo que supe y pude, ¡ah, cuántos buenos y placenteros momentos! Pero ¿sabéis qué? Pues, que terminé por darme cuenta de que debería haberme conformado con el original. Sí, disfruté de nuevas sensaciones, de nuevas experiencias, pero no conseguí mejorar lo que ya había conseguido con aquella mi original herramienta de... 32 cm.
     Sí. Con aquella primera hermosura ya había explorado todos los caminos que mi deseo, alimentado de forma autodidacta, me había permitido. Sí, me lo había pasado en grande, me había divertido de lo lindo en aquellas desenfrenadas sesiones, ya fuesen en grupo, en tríos, a dúo o, sí, también a veces, en solitario:  

"Fantasía en re menor TWV 40:4"
(Largo- Vivace- Largo- Vivace - Allegro)
     ¡Ah, qué maravilloso sonido! Tan dulce. Sí, la flauta de pico es mi gran debilidad en cuanto a instrumentos musicales se refiere. A lo largo de los años he atesorado una nada desdeñable cantidad de bellísimas obras creadas para este grácil instrumento, destacando entre ellas las fantasías y sonatas del prolífico compositor alemán Georg Philipp Telemann, de las cuales habéis podido escuchar un ejemplo y os invito a disfrutar de otro:



"Sonata en fa mayor, TWV 40:F2"
(1er. mov: Vivace)

"Sonata en fa mayor, TWV 40:F2"
(2º mov: Largo)


"Sonata en fa mayor, TWV 40:F2"
(3er. mov: Allegro)
     ¡Vaya, pero que desconsiderado soy! ¿No os he enseñado aún mi juego de flautas? Perdonadme, estaréis ansiosos por verlo desde el primer párrafo, ¿verdad? Ahí va:
     ¿A que son bonitas? Dos soprano (una Hohner de madera y otra Bontempi de material plástico y digitación barroca, para entrenar); una alto (también plástica y barroca) y la gran tenor, con llave. 
     El 'culpable' de que uno disfrute de esta afición fue... ¡el cine!  Un veraniego día de mi desocupada juventud esperando con impaciencia en una acogedora sala de cine la proyección de no recuerdo que película, me quedé prendado de una preciosa melodía con que el hilo musical llenaba el ambiente. Se me quedó grabada para siempre y tardé muchos años en saber que era el tema central (largo) de uno de los tres maravillosos conciertos para píccolo había compuesto el asiduo visitante de esta preciosa montaña, el gran Don Antonio Vivaldi. ¡Qué hallazgo más feliz! Hasta el día de hoy seguí buscando y encontrando pequeños y grandes tesoros musicales, pero es de éste del que mejor recuerdo guardo. Os invito a escucharlo y verlo en este vídeo del último Festival Internacional de Flauta y Píccolo, celebrado este año en Venezuela. La intérprete solista, una de las ganadoras de dicho certamen y por lo visto -y oído- una gran promesa  y  futura estrella, se llama Iráis Martínez:

"Concierto para píccolo y orquesta en do mayor, RV 443".
(Allegro non molto - Largo - Allegro molto)
     Pues, ya veis, todo empezó gracias a mi obsesión por no entrar nunca al cine una vez que hubiese comenzado la proyección. ¡Qué cosas! Y en cuanto a la cantidad de cosas que deseéis tener, pensad que quizás seáis más felices sabiendo que no las necesitáis.

     Que no... eso tampoco lo necesitas. Venga, si sientes una imperiosa necesidad de probarlo... yo te entiendo y estoy dispuesto a dejarte el mío. ¿Vienes?

     O no.